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:: tecnologías limpias
Los sistemas tradicionales de cultivos causan serios
daños al ecosistema, tanto por el uso de pesticidas
químicos y de sus efectos residuales como por la baja
productividad derivada del escaso conocimiento.
Como consecuencia de los bajos niveles de productividad
en la mayoría de los productos agrícolas que se cultivan
en América Latina la superficie empleada es, en algunos
casos, hasta 4 o 5 veces superior a la que se emplearía
bajo un sistema agrícola con aplicaciones tecnológicas
normales. Por ende, el impacto ambiental y la
contaminación crecen de manera exponencial ante
semejante desproporción espacial y financiera, que
empobrece y arruina a aquellos agricultores que se
aventuran a repetir la historia de una agricultura sin
bases ni conocimiento.

Después de la mal llamada “revolución verde”, los
paquetes de transferencia tecnológica quedaron
circunscritos a órbitas comerciales donde las fórmulas
para controles de plagas y enfermedades, así como los
programas de fertilizaciones químicas se fueron
habilitando para fincas, regiones y estados , como si
las condiciones agroecológicas y climáticas de todas
ellas, fuesen las mismas. Luego del incremento
inesperado y de la resistencia de plagas y enfermedades
a los productos de combate de algunos laboratorios,
muchos agricultores comenzaron a sospechar de aquellos
modelos comerciales que no consultaban ni validaban de
una manera crítica las experiencias de los agricultores
y técnicos locales con su entorno.
El impacto ambiental de estas agriculturas, y los
cambios permanentes en el entorno, han permitido
establecer para las nuevas generaciones modernas rutas y
un beneficio de inventario en los avances de la
agricultura del siglo XXI, los cuales se dirigen cada
vez más al empleo de tecnologías ambientalmente sanas y
limpias, desde el mejoramiento de especies y semillas,
el uso y gestión del suelo, del agua y de los recursos
naturales involucrados con ella. Estos cambios también
se orientan a los paquetes de transferencia tecnológica,
y el grado de investigación y desarrollo que deben tener
los cultivos dentro de una zona agroecológica dada. Y
deben ser componente dinámico para implementar un
desarrollo agrícola coherente con la producción de
alimentos y el desarrollo sostenible.
Como alternativas ambientalmente sanas, se encuentra hoy
la aplicación de los principios que promueve la
agroecología en los sistemas productivos, los cuales se
basan en la diversificación y el trabajo a favor de las
leyes de la naturaleza, para fortalecer el desarrollo
integral del agricultor y la relación con su entorno, a
través del aprovechamiento sostenible de los recursos
tales como el sol, el agua, el suelo, los recursos
naturales, además del ciclaje y retorno permanente de
los residuos orgánicos dentro del mismo sistema.

En esta perspectiva los predios agrícolas se convierten
en un tipo especial de agroecosistemas donde se
formaliza el análisis permanente y monitoreo del
conjunto de procesos e interacciones que intervienen en
un sistema de cultivos, lo que nos permite optar y
aplicar de manera adecuada un manejo innovador de
herramientas y metodologías que nos lleven a difundir
experiencias aplicables para los casos de producciones
limpias, con resultados de alta productividad.
Cualquiera de los modelos actuales evaluables sobre
agriculturas limpias, debe manejar labores de reciclaje
y transformación de materias orgánicas, uso adecuado de
recursos naturales mediante labores culturales
sostenibles (suelo, agua, aire, materias primas),
fitomejoramiento aplicado a semillas y materiales
vegetales locales, asociaciones múltiples de cultivos,
manejo de riego para satisfacer las necesidades hídricas
de cada cultivo, manejo integral de plagas y
enfermedades con paquetes biológicos adaptables a cada
predio en particular.
Generar una agricultura eficiente y rentable, incluso
bajo el marco de lo autosostenible, solo es posible
aplicando parámetros e innovaciones tecnológicas que nos
conduzcan a una productividad y competitividad local y
regional, bajo evaluaciones técnicas permanentes de
procesos aplicados con la misma comunidad, a los
sistemas culturales de manejo (teniendo en cuenta
relaciones ecológicas de factores como suelo, agua,
aire, luz, flora, fauna), de los insumos orgánicos
empleados y un diálogo permanente de saberes entre el
equipo técnico y la comunidad rural.

Esto requiere un conocimiento en permanente renovación y
adaptación con los cambios del entorno ambiental.
Pero, además del conocimiento de técnicas, materiales,
herramientas y sistemas encaminados a la producción
eficiente, la protección ambiental es posible también en
la misma medida que entendamos y apliquemos
losprincipios de la trofobiosis y de la alelopatía.
En el principio de la trofobiosis Chaboussou explica que
las plantas que permanecen en equilibrio no son
susceptibles de convertirse en presa de las plagas. El
equilibrio consiste en mantener la dosificación correcta
de nutrientes, el microclima apropiado y un perfecto
balance hídrico con lo cual se consigue que las plantas
sean sanas, se reduzcan los costos operativos y se
aumente la producción con los consiguientes beneficios
económicos y ecológicos.
La alelopatía es la ciencia que estudia las relaciones
entre las plantas afines y las plantas que se rechazan,
produciendo sustancias para evitar el ataque de las
diferentes plagas y enfermedades a las que pueden ser
susceptibles.
Las experiencias demuestran que el conocimiento de los
procesos y relaciones ecológicas en los predios
agrícolas, así como el de las innovaciones basadas en
tecnologías limpias aplicadas, conducen a administrar
mejor y con menores impactos el área intervenida por la
agricultura, pero a la vez reflejan mayores beneficios
para el medio ambiente (por la productividad obtenida
sobre menos área), y por favorecer un uso sostenido de
los recursos utilizados (reciclados y transformados) y
la disminución implícita de insumos externos para cada
agroecosistema trabajado.
Es fundamental entonces, incorporar asesoría técnica
aplicada a una agricultura articulada al medio ambiente,
no solamente por la incorporación de premisas e
innovaciones tecnológicas basadas en tecnologías limpias
(como composteras, lombricompost, alelopátìcas
acompañantes, sistemas de riego localizado, sistemas de
germinación protegida y controlada, agroplásticos,
rotación de cultivos, etc.), sino también por ser más
sensible socialmente a los procesos de transferencia
tecnológica adaptadas con las mismas comunidades;
centrada no sólo en la productividad y competitividad
sino también en la sostenibilidad ecológica del sistema
de producción.
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