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¿ESTÁ EN EL SIGLO XXI
EL SECTOR RURAL DE AMÉRICA LATINA?

En materia de conocimiento y por lo tanto de
tecnología para la productividad, competitividad y
rentabilidad, el sector rural latinoamericano está más cerca
del siglo diecinueve (XIX) que del siglo veintiuno (XXI).
Las repercusiones de este atraso tecnológico
son muy graves y se expresan en indicadores tales como
desempleo, emigración, balanza comercial deficitaria, bajo
nivel de vida, problemas de seguridad alimentaria, poco
crédito e inversión para el sector, inflación y deterioro
ambiental.

La globalización y el avance tecnológico que
se aceleró en la segunda mitad del siglo XX, incluyendo
todas las ciencias vinculadas con el sector rural, hacen
imperativo poner a tono al sector agropecuario con esa
realidad mundial para poder enmarcarse en los términos de la
competitividad.
En la mayoría de los países de la región, son
muy bajos los rendimientos de productos fundamentales para
la economía y la seguridad alimentaria tales como Arroz,
Maíz, Plátano, Fríjol, Papa, Yuca, Trigo, etc.
Para entrar a fondo en el tema, tomemos
solamente un ejemplo: Maíz.
El maíz cultivado a la manera tradicional en
América Latina y el Caribe alcanza un rendimiento medio de
2,9 Toneladas por Hectárea (t/ha), incluyendo a Chile que
produce 11,6 t/ha y Argentina 7,7 t/ha.
Lo indicado en el párrafo anterior significa
que algunos países obtienen rendimientos extremadamente
bajos, ejemplo: Haití produce menos de 1,0 t/ha; República
Dominicana, Guyana, Panamá, Honduras, Nicaragua y Guatemala
tienen rendimientos de menos de 2,0 t/ha; Ecuador y Costa
Rica están apenas en 2,0 t/ha; Bolivia, Colombia, Paraguay,
Cuba, Perú y México producen por debajo de 3 t/ha; Brasil,
El Salvador y Venezuela registran rendimientos inferiores a
4 t/ha; Uruguay apenas supera las 4 t/ha. Solamente se
destacan Argentina y Chile.
Mientras Chile y Argentina, los más
eficientes de la región, alcanzan rendimientos promedio
ponderado de 7,71 t/ha la productividad promedio ponderado
del resto de América Latina es de 2,03 t/ha

Las repercusiones en costos son
significativas y diferenciadas dependiendo de los
rendimientos de cada productor, pero en general lo que
sucede es que los agricultores acusan al precio de su
desgracia cuando la realidad es que el problema radica en el
costo por unidad de producción (toneladas, quintales, kilos,
etc.) derivado de la baja productividad y de la falta de
organización y asociatividad.
El costo por unidad de producción es un
término clave, porque los agricultores tienen la vieja
costumbre de medir el costo por unidad de superficie, lo
cual conduce a serios errores.
El impacto
de la baja productividad agrícola en la economía, puede
ilustrarse con el hecho de que, por ejemplo, Colombia
destina 590.000 hectáreas a la producción de 1.399.952
toneladas de maíz, el 37,5% de la demanda nacional (importa
el resto). Sin embargo, con la productividad que alcanzan
los pocos maiceros tecnificados colombianos podría
producirse, en la misma superficie, 3’240.000 de toneladas,
la totalidad de la demanda nacional sustituyendo
importaciones.
Partiendo de
las anteriores reflexiones, es indispensable incentivar la
productividad agrícola mediante programas de transferencia
de conocimientos para conseguir un cambio efectivo y
sustentable en el aspecto social ya que además del
incremento en las fuentes de trabajo directas e indirectas,
se producen efectos positivos tales como mejoras en el nivel
de vida de las familias del sector rural, estímulo al
crédito y la inversión, reducción de la emigración tanto del
campo a la ciudad como al exterior y contribución efectiva
en la seguridad alimentaria de los habitantes urbanos.
Desde el punto de vista ambiental, con
mayores rendimientos se reduce la superficie de siembra
favoreciendo el ecosistema. Si tomamos de nuevo el ejemplo
anterior relacionado con maíz, para producir 100 toneladas,
los agricultores tradicionales requieren de 50 hectáreas
mientras que los tecnificados de Colombia, Ecuador, Perú,
etc. las obtienen en 15 hectáreas y los productores de Chile
en 9 ha.

Lo primero que puede salir a flote es: ¿Y el
costo?. El costo de cada tonelada, quintal o kilo de un
cultivo tecnificado puede estar en menos de la mitad que en
forma tradicional, aunque parezca paradójico. Lo que tiene
un costo mayor es la hectárea del tecnificado que puede ser
el doble, pero como se requiere menor superficie el costo
total se reduce. En este ejemplo del maíz, si las 15
hectáreas para producir 100 toneladas tienen un costo del
doble, es muchísimo menos que invertir en las 50 hectáreas
para obtener la misma cosecha. Por eso es necesario que los
agricultores “Cambien la Unidad de Superficie por la
Unidad de Producción” y que manejen bien la
Relación Costo/Beneficio.
De la misma manera que en ejemplo del Maíz,
sucede con la gran mayoría de especies agrícolas.
Baja productividad que se puede cambiar,
logrando magníficos resultados, si se incorpora
conocimiento.
Nosotros hemos realizado trabajos de
investigación, de transferencia tecnológica y de
capacitación, orientados a la productividad con resultados
exitosos en especies tales como: Tomate de mesa, Tomate
industrial, Maíz, Maní (Cacahuete), Pimiento (Chile),
Plátano, Banano, Lechuga, Acelga, Piña, Papaya, Melón,
Sandía, Ají Tabasco, Pepino, Fresa (Frutilla), Choclito (Baby
Corn), Pepinillo, Alcachofa y Palmito para exportación.
En todos los casos, estos trabajos están
dirigidos a la productividad, pero con calidad, bajo los
principios de las Buenas Prácticas Agrícolas BPA e incluyen
programas de integración comunitaria y Asociatividad.
En síntesis, con Transferencia Tecnológica
bien dirigida, se estimula a los agricultores a pensar y
actuar con mentalidad triunfadora bajo los principios de la
productividad con organización, y se
incentiva en ellos una
agricultura rentable con prácticas culturales y tecnologías
acordes con sus respectivas zonas agro ecológicas y sus
microclimas específicos, como el
camino más viable para alcanzar el verdadero y sustentable
desarrollo económico y social.
Es
indispensable, entonces, cambiar los viejos paradigmas
de la producción por los modernos paradigmas de la
productividad y la competitividad.
Ferley Henao
fhenao@tpagro.com
* Autor de los libros: “Influencia del Plástico en la
productividad Agrícola”, “Técnicas para la
construcción de Invernaderos y Microtúneles eficientes”,
“Agricultura Eficiente y Rentable”, co-autor del
libro “Desarrollo Económico Local: El Rol del Municipio”
Publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo BID y
director de Investigación y Transferencia Tecnológica de
“Tecnología para la Productividad Agrícola, T. P. AGRO.
Consultor de la
Fundación Suiza de Cooperación para el Desarrollo Técnico
Swisscontact, Corporación Andina de Fomento CAF, Asociación
Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas ANFAB y
Servicio Integral para la Industria Alimenticia SIPIA en las
FINCAS - ESCUELA
para Transferencia Tecnológica en Ecuador de Fresa
(frutilla), Pepinillo, Alcachofa, Choclito (Baby Corn) y
Palmito para exportación.
Consultor de la Corporación de Servicios para el
Desarrollo Empresarial CORSEDE, Centro de Rehabilitación de
Manabí CRM, Sistema Carrizal Chone II y Fundación Suiza de
Cooperación para el Desarrollo Técnico Swisscontact en tres
cultivos Piloto de Transferencia Tecnológica:
Ají Tabasco, Sandía y Pepino, en Manabí, Ecuador.
Coordinador del Programa de fortalecimiento extracurricular
en las carreras de “Economía Agrícola y Desarrollo Rural”;
“Agronomía”; “Recursos Naturales Renovables y Ambientalismo”
e “Ingeniería Agropecuaria” de la Universidad Católica de
Santiago de Guayaquil, Ecuador.
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